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Furgoneta eléctrica o vehículo eléctrico ligero: ¿qué conviene más para el reparto urbano?

¿Todas las rutas urbanas necesitan una furgoneta? Comparamos furgonetas eléctricas y vehículos eléctricos ligeros para entender qué solución encaja mejor según la carga, las distancias, las paradas y las características de cada operación.

Cuando una empresa decide electrificar su flota de reparto, la comparación suele comenzar entre una furgoneta de combustión y una furgoneta eléctrica.

Pero existe una pregunta anterior que puede cambiar por completo la decisión:

¿necesitamos realmente una furgoneta para realizar esta ruta?

Electrificar una flota no tiene por qué significar sustituir cada vehículo por su equivalente eléctrico. También puede ser una oportunidad para revisar si el tamaño, la capacidad y las características de los vehículos utilizados actualmente se corresponden con las necesidades reales de cada operación.

En determinadas rutas, una furgoneta eléctrica puede ser la solución adecuada. En otras, un vehículo eléctrico ligero para reparto urbano puede adaptarse mejor a las características de la última milla.

La decisión depende fundamentalmente de la operación.

Furgoneta eléctrica y vehículo eléctrico ligero: dos soluciones para necesidades diferentes

No existe un tipo de vehículo que resulte adecuado para todas las operaciones de reparto.

Una furgoneta eléctrica puede responder mejor cuando es necesario transportar un volumen elevado de mercancía, cubrir recorridos más largos o combinar trayectos urbanos e interurbanos.

Un vehículo eléctrico ligero puede tener sentido cuando la actividad se concentra en ciudad, las rutas acumulan numerosas paradas y la facilidad para circular, maniobrar y realizar las entregas adquiere un peso especialmente relevante.

Por eso, la comparación no debería limitarse a autonomía, precio o capacidad máxima.

Hay que analizar qué trabajo tendrá que realizar el vehículo cada día.

1. Capacidad de carga: cuánto necesitamos realmente transportar

La primera variable es la mercancía.

Antes de elegir un vehículo conviene conocer tanto el peso como el volumen que se transportan habitualmente en cada ruta.

Existe una diferencia entre la capacidad máxima disponible y la capacidad que realmente utiliza una operación.

Si una empresa emplea vehículos de gran capacidad que realizan determinadas rutas con una ocupación reducida, puede existir margen para utilizar vehículos más compactos en parte de la distribución.

En cambio, cuando el volumen, el peso o las características de la mercancía exigen una capacidad elevada, una furgoneta puede seguir siendo la alternativa más adecuada.

Por eso, la referencia debería ser la carga real de las rutas y no únicamente la capacidad del vehículo utilizado hasta ahora.

2. Dimensiones y maniobrabilidad en ciudad

El tamaño del vehículo tiene implicaciones diferentes dependiendo del entorno en el que trabaja.

En una operación urbana pueden aparecer calles estrechas, giros cerrados, zonas comerciales, centros históricos, tráfico intenso y espacios limitados para detenerse.

En estas condiciones, las dimensiones y la maniobrabilidad dejan de ser características secundarias y pasan a formar parte de la productividad de la ruta.

Un vehículo más compacto puede adaptarse mejor a determinados recorridos urbanos, mientras que una furgoneta puede resultar más apropiada cuando la capacidad de carga tiene mayor peso que las limitaciones de espacio.

La decisión depende del equilibrio entre ambas necesidades.

3. Número de paradas por jornada

Dos rutas de 40 kilómetros pueden ser completamente diferentes.

Una puede tener diez puntos de entrega y otra varias decenas.

Cuando aumenta el número de paradas, también aumenta la importancia de factores como:

  • la facilidad para detener el vehículo;
  • el tiempo necesario para acceder a la mercancía;
  • las maniobras necesarias en cada punto;
  • la distancia entre el vehículo y el lugar de entrega;
  • la facilidad para volver a incorporarse a la circulación.

En operaciones de última milla con una alta densidad de entregas, pequeñas diferencias de tiempo repetidas durante toda la jornada pueden terminar teniendo un impacto relevante.

Por eso, el número de paradas debe formar parte de la comparación entre una furgoneta eléctrica y un vehículo eléctrico ligero.

4. Estacionamiento y acceso al punto de entrega

Uno de los principales condicionantes del reparto urbano aparece cuando el vehículo llega a su destino.

No basta con desplazarse hasta una dirección. El repartidor necesita encontrar un lugar adecuado para detenerse, acceder a la mercancía, realizar la entrega y continuar la ruta.

Cuanto más complejo sea este proceso, mayor será el tiempo dedicado a cada parada.

Las dimensiones del vehículo pueden influir en esta parte de la operación, especialmente en zonas urbanas densas o con espacio limitado.

Por este motivo, al comparar vehículos profesionales conviene medir no solo el tiempo de conducción, sino el tiempo completo necesario para realizar cada entrega.

5. Autonomía: más no siempre significa mejor

La autonomía es una de las variables más utilizadas para comparar vehículos eléctricos.

Sin embargo, la mayor autonomía disponible no tiene por qué ser automáticamente la mejor opción.

Lo relevante es disponer de la autonomía necesaria para completar la operación prevista con un margen adecuado.

Una ruta urbana concentrada puede tener unas necesidades energéticas muy diferentes de una operación que combina ciudad y desplazamientos interurbanos.

Por eso, antes de comparar cifras de autonomía, conviene conocer:

  • los kilómetros diarios reales;
  • la carga transportada;
  • las características de la ruta;
  • los turnos de utilización;
  • las posibilidades de recarga.

Dimensionar el vehículo según estas variables permite evitar decisiones basadas únicamente en buscar la mayor autonomía disponible.

6. ¿Cuándo puede tener sentido una furgoneta eléctrica?

Una furgoneta eléctrica para reparto puede resultar adecuada cuando la operación requiere una combinación de capacidad, autonomía y versatilidad.

Por ejemplo, puede encajar mejor en rutas caracterizadas por:

  • volúmenes elevados de mercancía;
  • cargas que requieren mayor espacio útil;
  • recorridos urbanos e interurbanos;
  • distancias diarias superiores;
  • menor densidad de paradas;
  • necesidad de utilizar el mismo vehículo en operaciones diferentes.

Estas condiciones no determinan automáticamente la elección, pero ayudan a identificar escenarios en los que la capacidad de una furgoneta puede tener un peso decisivo.

7. ¿Cuándo puede tener sentido un vehículo eléctrico ligero?

Un vehículo eléctrico ligero para reparto urbano puede resultar especialmente interesante cuando la operación está muy concentrada dentro de la ciudad.

Entre los escenarios que merece la pena analizar se encuentran:

  • rutas fundamentalmente urbanas;
  • alta densidad de entregas;
  • numerosas paradas durante la jornada;
  • dificultades frecuentes de circulación o maniobra;
  • centros históricos o calles de dimensiones reducidas;
  • operaciones dentro de Zonas de Bajas Emisiones;
  • volúmenes de mercancía compatibles con vehículos compactos.

En estos casos, la comparación debería centrarse especialmente en cómo las características del vehículo afectan al desarrollo completo de la ruta.

8. ¿Y si una empresa necesita ambos tipos de vehículos?

Existe una tercera posibilidad que no siempre se contempla al diseñar una flota.

No todas las rutas tienen por qué utilizar el mismo tipo de vehículo.

Una empresa puede tener recorridos con necesidades de carga elevadas y, al mismo tiempo, operaciones muy concentradas en determinadas zonas urbanas.

Intentar resolver ambas situaciones con un único tipo de vehículo puede significar utilizar más capacidad de la necesaria en unas rutas o quedarse corto en otras.

En estos casos puede tener sentido estudiar una flota adaptada a diferentes perfiles de ruta.

Los vehículos de mayor capacidad pueden asumir aquellas operaciones que realmente los necesitan, mientras que vehículos más compactos pueden destinarse a rutas urbanas donde sus dimensiones y características resulten más adecuadas.

9. El papel de los microhubs urbanos

Esta especialización de los vehículos adquiere todavía más sentido cuando la distribución se organiza mediante microhubs urbanos.

En este modelo, la mercancía puede aproximarse previamente a la zona de reparto mediante vehículos de mayor capacidad y realizar el tramo final con vehículos adaptados al entorno urbano.

Esto permite separar dos necesidades logísticas diferentes: transportar mercancía hasta la ciudad y distribuirla dentro de ella.

La elección del vehículo deja entonces de plantearse de forma aislada y pasa a formar parte del diseño completo de la operación de última milla.

10. Qué debería analizar una empresa antes de decidir

Antes de elegir entre una furgoneta eléctrica y un vehículo eléctrico ligero conviene analizar cada grupo de rutas utilizando criterios comparables.

Como mínimo:

  • kilómetros diarios;
  • número de paradas;
  • peso y volumen habitual de mercancía;
  • porcentaje de ocupación del vehículo;
  • tipo de vías utilizadas;
  • dificultades habituales de estacionamiento;
  • tiempo medio necesario para realizar cada entrega;
  • horarios y turnos;
  • necesidades de autonomía y recarga;
  • restricciones de acceso existentes en las zonas de reparto.

Con esta información resulta mucho más sencillo determinar qué características debe tener el vehículo antes de comparar modelos concretos.

Entonces, ¿furgoneta eléctrica o vehículo eléctrico ligero?

La respuesta depende de la ruta.

Una furgoneta eléctrica puede ser adecuada cuando la capacidad, la distancia o la versatilidad tienen un peso determinante.

Un vehículo eléctrico ligero puede responder mejor a determinadas operaciones urbanas caracterizadas por numerosas paradas, recorridos concentrados y limitaciones de espacio.

Y una flota puede necesitar ambas soluciones.

La electrificación ofrece una oportunidad para hacer algo más que sustituir motores de combustión por motores eléctricos.

También permite revisar si los vehículos utilizados hasta ahora siguen siendo los adecuados para el trabajo que realizan.

Por eso, la pregunta no debería ser únicamente “¿qué vehículo eléctrico compramos?”.

Primero deberíamos preguntarnos:

“¿Qué vehículo necesita realmente cada una de nuestras rutas?”

Primero se diseña la operación. Después se elige el vehículo.

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